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14/5/10

EL CARRO POR DELANTE DE LOS BUEYES


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12/5/10

El oasis navarro

Después de veinticuatro años de gobiernos de derechas, regidos en su gran parte por el gran contorsionista de la política navarra, Miguel Sanz, la gestión política de esta tierra de diversidad conjurada, a mitad de camino entre el Apocalipsis y la Tierra Prometida, presenta signos de evidente agotamiento. Un agotamiento hábilmente camuflado por cifras económicas en notable detrimento. Pero no solo es la gestión política, es el modelo de sociedad, las relaciones sociales, la participación social, el control de las instituciones, los discursos e ideas y los modelos convivenciales, los que presentan graves carencias, cuando no gravísimos efectos secundarios de irreparable mejora. Y es que esta tierra más que cansada, está desfondada, sumida en un profundo sueño de los justos, en ese espacio del limbo donde duermen las utopías realizables. Después de un cuarto de siglo de gestión conservadora y de empecinamiento épicoforal, sus dirigentes pueden ponerse todas las medallas que más les gusten, pero Navarra suspende muchas asignaturas. Principalmente de carácter económico, cultural y de cohesión social. Solo un dato: en los últimos veinte años, Navarra no ha sido capaz de reducir sus tasas de pobreza, una de las más bajas del Estado, cierto, pese al incremento absolutamente descomunal del PIB navarro en esos años.
Porque Navarra padece de morbilidad triunfalista. Día a día sus dirigentes engordan de satisfacción y excelencia regional pese al decrecimiento dietético aconsejado. Y es que hace tiempo que esta provincia le ha vuelto la espalda al tiempo fagocitada por el consumo de autocomplacencias y la megaexplotación sistemática de las rentas del pasado. Navarra reclama un revolcón político y social porque hay una gran mayoría social que así lo exige, pero se sabe rehén de un estado de ánimo narcotizante que sus dirigentes políticos han sabido suministrar hábilmente después de años de poder. Y es que pareciera que aquí está prohibido conjugar el futuro perfecto. Quizás porque un presente inapelable y contundente, ante el cual no cabe disidencia, nos bloquea ante toda posibilidad de innovación. Es el oasis navarro.
Sanz presume de tolerancia en la tierra de la felicidad por decreto, pero sabe que ha convertido a Navarra en un oasis de silencio. El sanzismo de nuevo formato se ha aupado sobre una dinámica triunfalista auspiciada por el pensamiento único. Aquí no cabe nadie más que quien Sanz quiera. Gran parte de este triunfalismo, ideológico y político, está basado en una operación de gran calado. Sanz ha logrado una perfecta simbiosis entre la estructura de gestión de la administración navarra y la triada ideológica incuestionable: foralidad, especificidad y gobernabilidad navarra, esa que nos exime de toda opción de cambio político. Y es que ha conseguido que la administración navarra, en casi todos sus ámbitos de gestión, sea un mero ejecutor de los sueños, fantasías y delirios de la opción política que él representa. Ello conlleva desplegar una generosa e impresionante red clientelar que se nutre del pesebre foral en el que se alimentan sus deudos.
Solo a través de un intenso proceso de capilarización ideológica y económica en (casi) todos los intersticios de la sociedad navarra, es posible entender el sostenimiento de la derecha sanzista y de su proyecto social, ideológico y económico. Solo así es comprensible la dominación del proyecto sanzista, avalado y sostenido desde hace años por el socialismo navarro, algo que este partido jamás podrá expiar sin renunciar a su historia y su memoria. Aunque éste escenifique en vísperas electorales un distanciamiento ficticio de su mentor y protector.
Estos fenómenos bloquean varias puertas de salida a la actual situación navarra. La eterna gobernabilidad de Navarra se presenta, siempre se ha presentado, como el profiláctico foral más seguro ante posibles cambios políticos procedentes de la izquierda social y vasquista de esta comunidad. Pero no solo ello, el socialsanzismo ha logrado integrar la defensa de los intereses de sectores muy concretos de la sociedad navarra, articulándolos y elevándolos a la categoría de intereses generales olvidando, cuando no ninguneando, otros intereses reales que no se ajustan a los sostenidos por los numerosos y paniaguados grupos de presión intelectual, profesional, sindical y económica promocionados desde la administración foral. De ello tampoco escapa una gran parte del electorado de centro derecha, incapaz de sustraerse al discurso blando, bienpensante, modélico, amable, interclasista e inocuo que ha decidido participar en la moderna construcción de un Reyno de diversidad de ficción foralista.
En este Reyno absolutamente anestesiado por la satisfacción de sus estadísticas de riqueza y bienestar, hábilmente manipuladas en muchas ocasiones al servicio de ese pensamiento único; una ingente red de grupos, lobbies, entidades, privadas y mixtas y asociaciones muy ligadas al stabilishment y generosamente subvencionadas, constituyen el verdadero poder civil al servicio del sanzismo, una trama de redes interconectadas que sustenta el bastidor de un poder aparentemente inocente, dulce y limpio de polvo paja. Todo esto funciona como un perfecto instrumento de dominación social que consolida un deterioro de la calidad democrática definida por algunos indicadores como: la imposición de una única “solución” sin diagnóstico públicamente debatido y aceptado sobre cuál es el problema, la declaración fraudulenta del “interés público” o la utilización de argumentos falsos o erróneos que no se corrigen.

Así es el oasis navarro, un espacio donde las fidelidades y las hipotecas contraídas con poder foral se pagan con la omertá, donde muchos sectores sociales, antaño críticos y combativos, sestean placidamente sin que nada enturbie sus sueños, donde la complacencia socialista redime sus culpas en la ciénaga del oportunismo, donde el discurso sanzista, propagado y esgrimido ante cualquier disidencia, se presenta como el único con legitimidad moral reconocida, donde la derecha ha extendido una presión social coercitiva y subliminal que forma parte ya de una manera de vivir la cotidianidad y donde la corrupción es una asignatura fantasma, es decir, sabemos que existe pero nadie la evidencia, ni la nombra. El oasis navarro es ancho y alargado. Solo un cambio político, social y económico en profundidad está llamado a delimitarlo. Por el bien de la ciudadanía y la desprestigiada democracia política de esta Comunidad.

Paco Roda - Mayo 2010

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